Daniel Claros
Madrid, Spain

No tengo nada de especial. Amor por mi trabajo, las finanzas y los mercados. Pasión por el deporte, el triatlón. Y encantado de expresar mis pensamientos y mis inquietudes en un blog diferente, donde se mezclan dos mundos aparentemente distintos, pero que guardan historias comunes de superación, organización, motivación y ganas de pasarlo bien... Tomen asiento y disfruten.

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    Ironman Vitoria
    Deporte y Salud

    Ironman de Vitoria, sueño cumplido.

    By on 16 septiembre, 2022

    Un día perfecto. Hace apenas un año cuando, junto con otros cinco locos, hicimos click en el botón para pagar el Ironman de Vitoria 2022, creo que no éramos muy conscientes del berenjenal en el que nos estábamos metiendo. Habíamos oído hablar de ello, teníamos amig@s que lo habían hecho, pero, para nosotros, eso era un mundo de mayores. Ahora, de la noche a la mañana, nos habíamos convertido en esos mayores. Había comenzado la aventura deportiva de nuestras vidas. Un camino largo, difícil, en el que nos iríamos descubriendo a nosotros mismos de un modo que jamás habríamos imaginado.

    Porque amig@s, el Ironman no es sólo un deporte. Es un camino de introspección, de descubrimiento, de escuchar nuestro cuerpo y entender nuestra mente. El Ironman no es sólo una prueba física, es llevarnos hasta lo más extremo, en el sentido literal de la palabra. Es una prueba donde vives un carrusel de sentimientos, donde lloramos, reímos, somos felices, somos desdichados, pero, al final del camino, todo merecerá la pena. Somos humanos de hierro. Y nos hemos demostrado que cuando un objetivo es realmente ansiado, con una correcta preparación, todo es posible.

    Yo lo he hecho. Y soy un tío muy normal, uno más del montón dentro de lo que es este mundo del triatlón. Y he hecho un puto Ironman, lo he disfrutado, lo he saboreado y he tenido el inmenso placer de compartirlo con mis seres queridos (con todos).

    Ahora, voy a intentar relataros lo que fue la prueba más espectacular que he corrido nunca. Es difícil aterrizar todo lo vivido durante ese día en unas pocas palabras, pero creo que al menos tengo que intentarlo. Dentro de un tiempo me gustará volver a leer esta crónica y, junto con todas las imágenes que tengo de ese día, rememorar una bonita historia de amor, cuya catarsis se produjo a las 20.40 horas de ese 10 de julio de 2022, momento en el cual pude cruzar esa meta, levantar la vista al cielo, y saber que por fin habías podido ver a “tu Ironman” cruzando esa línea de meta, con una sonrisa de oreja a oreja, sabiendo que desde algún sitio muy especial habías sido espectador de excepción de ese hito.

    Vamos al lío.

    Preliminares

    Podría explayarme infinito sobre todo lo que aconteció durante el fin de semana, pero simplemente daré pinceladas de lo que fue la previa, para los que vayan, o estén pensando hacer esta maravillosa prueba alguna vez.

    Nos alojamos en un hotelito a 25 minutos de Vitoria. Cumplía su función; fácil acceso (en coche), tranquilo, habitaciones funcionales y cómodas, cama buena… Obviamente estar en el centro de la ciudad te simplificará mucho la logística, pero conseguir alojamiento en Vitoria ese fin de semana es tarea difícil, salvo que se esté dispuesto a pagar una fortuna.

    El sábado (la carrera es el domingo), es día de preparación. Si vais con acompañantes, tener claro que ese día es para vosotr@s. En mi caso, el hecho de que viniera con un grupo de amigos y familiares permitió que, mientras yo andaba de arriba para abajo, ell@s estuvieron haciendo turismo tranquilamente.

    Por la mañana tocaba acreditarse. Si nunca has estado en un Ironman, es el momento en el que seguro alucinarás del despliegue de medios, personal e infraestructura que atesora la marca. Por supuesto que las inscripciones a una prueba de este tipo no son nada baratas, pero organizar un evento de esta envergadura tampoco lo es.

    Acreditación, pulserita, y como locos a comprar. Estoy convencido de que Ironman factura más con el merchandising que con las propias inscripciones. La realidad es que me pareció todo bastante caro. Habíamos estado en el 70.3 de Italia en 2019, y creo que la inflación también ha llegado, como es lógico, al deporte. Por cierto, si queréis leer cómo me fue en ese espectacular Medio Ironman, podéis hacer click aquí

    Aún así, camiseta oficial de la prueba (con nuestros nombres incluidos en la espalda), una toalla y una taza fueron las reliquias atesoradas en ese momento. ¿Cuánto vale la felicidad?

    Una vez adquiridos los recuerdos “materiales” de este gran fin de semana, procedemos a comer algo rápido (una pizza, no podemos descuidar la carga de hidratos), y volando vamos a la T2 a dejar las zapatillas, visera y cargamento de geles y sales para la maratón. Si no revisé 15 veces la bolsa… A continuación, subida al embalse de Landa para dejar las bicicletas.

    Espectacular el embalse, el ambiente, y puedo decir que por primera vez siento de manera manifiesta y real un hormigueo generalizado en el cuerpo.

    Una vez dejadas las bicis en la primera transición, saludamos a nuestro amigo Martín que estaba por allí, y volvemos a Vitoria.

    Lo que queda de día será para dar un breve paseo por la ciudad, cenar en un italiano, y pronto al hotel a descansar e intentar dormir, ya que el día siguiente iba a ser largo…

    Pre – Ironman

    El día D comenzaría a las 5.00 am, cuando Jorge llama a la puerta de mi habitación para desayunar. Siempre pasa lo mismo, preguntándote qué narices pintas a las 5 de la mañana de un domingo, con un sueño atroz, desayunando unas tostadas frías de Nutella y preparándote para 12 horas de esfuerzo…

    Pero allí estábamos, desayunando lo de siempre (hago caso a Charly, mi entrenador, que me dice que desayunemos lo mismo que un día de tirada larga. Nada de inventos). En mi caso, dos rebanadas de pan con Nutella, plátano y café frío de la máquina. A esas horas, ni la cafetería está abierta.

    Revisión de material y camino a Vitoria.

    A las 6.30 am estábamos cogiendo los autobuses que nos llevarían al embalse de Landa. La verdad es que es impresionante ver una cola de gente, todos familiares, parejas, hij@s…esperando pacientemente a subir a los autobuses para ver la salida desde el agua. Como ya he comentado en alguna publicación en mi Instagram, un Ironman no lo prepara sólo el atleta. Son nuestros acompañantes y seres queridos los que sostienen esta preparación, y tienen todo el derecho del mundo a ser también los protagonistas en este día. Y vaya si lo serán.

    Tras media horita de trayecto, llegamos al embalse. Las bicis ya estaban preparadas del día anterior, por lo que directamente nos ponemos con la preparación de la natación. Neopreno, aceite, vaselina…el ritual de siempre. Como siempre, antes de una prueba de este tipo (y esta no iba a ser menos), los nervios aprietan. Escapadita fugaz al campo a alimentar la naturaleza, y ahora sí, enfilamos el camino de no retorno hacia la cámara de llamadas.

    En este breve trayecto, desde la carpa de la transición a la cámara de llamadas, tuve mi primer momento realmente profundo y sentimental. Nunca me había emocionado tanto antes de una carrera.

    Allí estábamos, cientos de triatletas, en silencio, caminando hacia la orilla. Durante esos metros de camino, suena una canción lenta, algo triste, como las de las pelis bélicas donde todo sucede a cámara lenta… y entonces pienso en mi padre.

    El speaker dice que es nuestro momento. Un momento de introspección, antes de comenzar la batalla. No puedo evitar pensar en cómo te hubiera gustado estar allí, papá. Muchos años viéndome correr, disfrutando como un niño de mis carreras, y presumiendo ante tus amigos de tu hijo triatleta. Pues ahora no soy sólo triatleta, estoy a punto de ser un Ironman. Como decías tú, “eres mi Ironman”.

    Miro al cielo, me seco las lágrimas, e inspiro fuerte, sabiendo que vas a estar ahí observándome y cuidándome durante las próximas 12 horas. Creerme cuando os digo que realmente fui consciente en ese momento de que mi padre estaría acompañándome durante toda la prueba.

    En fin, difícil explicar ese momento.

    Natación

    Por fin, ahí estamos. El agua y yo. 3,8 km de brazadas, y un objetivo, disfrutar lo máximo posible.

    Me coloco en el cajón de los que van a hacer 1:10 h, sin saber realmente cómo se iba a dar, pero con la esperanza de rondar esos tiempos.

    Vamos avanzando en orden respetando el turno de salida, y, justo cuando voy a dar al Garmin para lanzarme al agua, veo a mi amigo Antonio, haciendo fotos como un loco, con los pantalones remangados dentro del agua, y sacando la mejor de las sonrisas a todos los que en ese momento teníamos un acojone de tres pares de narices (increíble el trabajo de todos los fotógrafos durante todo el evento, trabajando durante casi 24 horas ininterrumpidas, bajo un sol agotador… ¡bravo!).

    Lo dicho, le doy la mano a Antonio, sonrío para las fotos, y al lío de Montepío.

    Mi objetivo es alcanzar un ritmo agradable, alegre, pero llevadero, y evitar agobios. Desde el primer momento siento que se va a dar bien. Comienzo la natación por el lado de fuera, aunque la salida rolling start permite que no haya mucha concentración de triatletas, salvo en los giros de las boyas.

    El agua está espectacular. Temperatura perfecta. Me siento ligero. Acompaso la respiración al ritmo, y disfruto. Disfruto mucho.

    No me fijo en el ritmo que llevo, pero sí en el tiempo. Recuerdo un consejo de Charly para evitar una deshidratación factible, incluso estando dentro del agua. El truco era el que, cada 10 minutos, tenía que dejar pasar un poco de agua al neopreno, abriendo un poco el pecho, para refrescar el cuerpo. Maravillosa la sensación del agua recorriendo todo tu cuerpo. Gran consejo amigo, como todos los que me diste.

    Así pues, van cayendo los metros, pasando los minutos, y yo disfrutando como hacía tiempo que no disfrutaba un segmento de natación de un triatlón. Recuerdo que hasta me iba fijando en el paisaje (inmejorable), de los alrededores del embalse, cada vez que sacaba la cabeza para respirar.

    Mi única preocupación, no perder la referencia de las boyas. Intentaba seguir pies que me permitían ir a un ritmo decente sin gran esfuerzo, y mirando de vez en cuando la siguiente boya, a lo lejos, muy a lo lejos…

    Mucha gente me había dicho que los últimos 600/700 metros podían hacerse “bola”, pero cuando vi que llevaba 3.200 metros, que a lo lejos se empezaba a ver la salida, y que seguía yendo muy bien de sensaciones, me concentré aún más en disfrutar de esos metros finales. Y dar las gracias a mi padre por haber hecho de este segmento de natación una verdadera gozada.

    Finalmente, estoy saliendo del agua en 1h:11 mins, cumpliendo con las expectativas que llevaba. Creo que al final no me coloqué en el cajón equivocado…

    Ciclismo

    Y comenzamos el segmento más largo. Dicen que, en un Ironman, el segmento ciclista es el más determinante. No sólo porque es en el que más horas inviertes, si no porque si consigues ir bien preparado, y lo haces inteligentemente, es probable que te bajes a correr el maratón más fresco y con mejores garantías.

    El año había sido largo, y los entrenos sobre la bici, aún más. No sólo por las tiradas de 4, 5 o 6 horas durante los últimos dos meses, si no por los entrenos entre semana sobre el rodillo. Muy duros, pero todo tenía su razón de ser, y era el llegar a Vitoria con el “culo pelado”, nunca mejor dicho.

    El objetivo era claro, controlar vatios, y comer y beber como si no hubiera mañana.

    Y así comencé. Había intentado estudiarme el recorrido, el desnivel, ver por donde iba a venir el viento…pero al final todo da igual, estás tú, con tu bici, la carretera y tus piernas.

    Así pues, tras los errores con la hidratación en el Medio Ironman de Pamplona un par de meses antes, y haciendo caso a Charly, el objetivo era claro. Beber y comer. Y luego, dar pedales.

    Dicho esto, comenzamos a dar pedales con muchas ganas. La verdad que los primeros 50 -60 km se pasaron volando. Cada 10-15 minutos, trago de agua, y cada 20 o 25 minutos, trago de Maurten (carbohidratos disueltos en agua).

    Tenía todo medido, un bidón de Maurten que me debía durar las dos primeras horas, e ir cogiendo bidones de agua a medida que se me fueran terminando. La idea era meter un bidón de agua a la hora.

    Parecía fácil, hasta que llegó el km 60, donde tenía que coger un nuevo bidón de Maurten en el special needs. Mira que iba gritando a los voluntarios (fantástico trabajo, por cierto, de todos ell@s), para saber dónde tenía que parar… pero nada, salimos de la zona de avituallamiento, y yo sin bidón de carbohidratos. El próximo special needs estaba en el kilómetro 120, así que, como os imaginaréis, primera gran crisis de la carrera, y de las buenas.

    Da igual lo bien entrenado que vayas, lo fuerte que te sientas…Esto es un Ironman, y esta distancia no perdona. Si no metes gasolina al cuerpo, no llegas.

    Menos mal que, por si acaso, me metí tres barritas, que sólo pensaba usar por aquello de meter algo sólido al estómago de vez en cuando. Pero no era mi estrategia definida. También llevaba geles, claro, pero como en la maratón sólo iba a tomar geles, no quería llegar saturado.

    Así que, ahí estaba, kilómetro 70 de bici, y revisando la etiqueta de las barritas que tenía, mientras daba pedales, para ver los hidratos que llevaban, y calcular cada cuanto me las tenía que tomar para ser capaz de llegar al kilómetro 120, y poder coger mi Maurten. Puro espectáculo…

    Como decía, tuve unos minutos de mucho agobio, pensando que me había quedado sin carbohidratos, y viendo imposible llegar hasta el kilómetro 120 para poder coger otro bidón de Maurten. Pero, como casi siempre en los momentos de crisis, lo mejor es mantener la calma, pensar que se puede hacer, con los recursos que se tienen, y tratar de optimizarlos de la mejor manera posible. También volví a pensar en ti, papá, y supe que, de un modo u otro, lograría el modo de seguir adelante.

    Por tanto, 60 kilómetros por delante, comiendo barritas cada 30 minutos (tuve que coger alguna de las que ofrecían durante la carrera, a pesar de ser una marca que no había testeado), y continuando con la estrategia definida, mucha agua, y controlando vatios.

    En cuanto al ritmo de carrera, simplemente deciros que los primeros 90 kilómetros fueron muy buenos (a pesar de lo que os acabo de contar). Caían los kilómetros con facilidad, a los ritmos planificados, y tratando disfrutar lo máximo posible del maravilloso recorrido.

    El circuito, mucho tobogán. No es especialmente duro, pero tampoco me pareció fácil. Tienes que controlar muy bien para no pasarte en los repechos, y hay pocos tramos para recuperar. No obstante, es un circuito muy bonito y entretenido.

    Así pues, como decía, los primeros 90 kilómetros fueron muy bien. Otra cosa iban a ser los últimos 90 kilómetros…

    Tampoco me quiero alargar mucho. Simplemente decir que empezó a hacer un calor intenso, y un aire BRUTAL. Y me dio la sensación de que siempre daba de cara. Cómo es esto del ciclismo…

    Los vatios empezaron a no entrar igual de fácil, la velocidad media caía, y las sensaciones empeoraban. Sin llegar a ir muy mal, si tuve un rato malo, de los de tirar de cabeza y decir, “bueno Dani, hasta ahora has cumplido, tómatelo con calma e inteligencia, que aún queda mucho”.

    Mi único objetivo era llegar, conseguir mi bidón de Maurten, y enfilar la recta final de este segmento con la mente puesta en la maratón.

    Como digo, la segunda mitad de la bici se hizo dura. Más tarde, hablando con mis amigos, me di cuenta de que a todos nos pasó más o menos lo mismo, así que, aunque mal de muchos, consuelo de tontos, uno se queda más tranquilo sabiendo que no lo hizo nada mal…

    Kilómetro 180, 6h:08 minutos (veinte minutos más de lo estimado), y ahora llegamos a lo que tantas veces te han contado, pero nunca habías vivido. La maratón de un Ironman, Vitoria, y mi gente…

    Maratón

    maratón Ironman

    Os mentiría si no os dijera que estoy emocionado simplemente escribiendo estas líneas. Imaginaros lo que fue esta última parte…

    Podría escribir un libro simplemente hablando de la Maratón del Ironman de Vitoria, pero creo que ya me estoy extendiendo demasiado. Voy a escribir frases cortas, e intentar transmitir algo de lo que fueron aquellas 4 horas y 25 minutos. Al final todo son recuerdos. Es difícil poner todo lo vivido en orden…  Pero vamos a intentarlo.

    Recuerdo la llegada en bici por la calle Olaguíbel. Me lo habían contado, lo había visto en vídeos de Youtube. No os hacéis una idea de lo que fue ese momento. Llevamos más de 7 horas de competición, y ahí estamos, donde tantas veces te habías visualizado, pero no sabías si llegarías, o cómo llegarías.

    Recuerdo entrar en la T2, en la Plaza de los Fueros, y vaciar la bolsa de golpe. Recuerdo cambiarme de calcetines, sentado en una silla. Coger el arsenal de geles, sales, visera, gafas…Recuerdo ponerme a correr, volando.

    Recuerdo salir de la T2, deseando ver a mi gente. Llevaba muchas horas solo. Recuerdo a mis amig@s, Belén, Bea, Jose, Irene (¡qué emoción me transmitiste!). Recuerdo a Marta. Recuerdo a mi madre y resto de familiares que estaban allí, gritando, llorando… Recuerdo todo y no recuerdo nada. Tengo que volver a ver las fotos, vídeos…(Menos mal que para eso es útil mi cuenta de IG. Por si queréis echar un ojo a todos los vídeos, click aquí). Esto me quedará de por vida. No puedo describir ese momento…

    ¡Recuerdo ir ligero de piernas! Recuerdo mirar el reloj, y decir, “Dani, levanta, que esto es muy largo”. Recuerdo recordar la estrategia perfecta que me había preparado Charly.

    Recuerdo el primer avituallamiento, beber agua, algo de coca cola, y esponja de agua a la espalda.

    Recuerdo cruzar Vitoria. Recuerdo la primera vuelta, la primera pasada por el arco de meta. Esa plaza. Aún no había mucha gente, y hacía mucho calor. Recuerdo emocionarme al saber que, si todo iba relativamente bien, ahí estaría dentro de unas horas, cumpliendo un sueño.

    Recuerdo pensar en mi padre. Cómo me ha llevado hasta ahí, y cómo me está acercando, muy poquito a poco, al sueño de cruzar la meta de un Ironman.

    Recuerdo pasar por esa curva, donde volvían a estar todos mis seres queridos. Recuerdo cómo me gritan, me dicen que llevo buena cara. Realmente la llevo, me siento muy bien.

    Recuerdo la segunda vuelta. Recuerdo cómo van cayendo los kilómetros. Kilómetro 15, kilómetro 20…todo en los ritmos planificados. Rozando la Media Maratón empiezo a ser consciente de que voy a terminar, y lo mejor aún, disfrutando.

    Recuerdo decime a mi mismo, “Dani, has cumplido. Si hay que andar, arrastrarse, o gatear, son sólo 21 kilómetros los que quedan. Has cumplido. Sigue disfrutando”.

    Recuerdo a mi amigo Martín. Un desgraciado accidente le ha impedido estar con nosotros corriendo en Vitoria, pero ahí está el tío, desde primera hora en el embalse, y ahora en esa curva, al ladito del Sagartoki, con esa camiseta amarilla que, como un faro, alumbraba cada paso de vuelta. Una alegría verte ahí cada 10 kilómetros. Eres muy grande tío.

    Recuerdo comenzar la tercera vuelta. Recuerdo cómo, a partir de aquí, ya no entran más geles en el estómago. Recuerdo como en cada avituallamiento, el morder un par de rodajas de naranja, está haciendo que llegue al siguiente avituallamiento. Aquí los objetivos ya no van de 10 en 10, ni siquiera de 5 en 5. Van de 2,5 en 2,5, como mucho. Son los kilómetros entre cada uno de los avituallamientos.

    Recuerdo ver muchas caras de sufrimiento. Sufrimiento escondiendo una capa aún oculta de satisfacción, de orgullo. Cada uno de nosotr@s llevamos nuestra lucha interna, nos acordamos de los nuestros. Cada uno tiene un motivo, lleva su losa. Su razón de ser para cumplir ese sueño. Eso une. Todos perseguimos el mismo sueño. Todos los que estamos ahí llevamos ya muchas horas de soledad, de esfuerzo, pero ahí seguimos.

    Recuerdo cómo en esta vuelta, en la tercera, veo a mi amigo Jorge. Recuerdo pensar, “está muy lejos, pero le veo”. Mentiría si dijera que no fue una motivación el poder verle, poder compartir con él unos kilómetros de esta proeza. Pero aún está lejos. 2 o 3 kilómetros de diferencia, a estas alturas de la carrera, son un mundo.

    Recuerdo pasar el kilómetro 25, la mitad de la tercera vuelta. Recuerdo que las piernas ya duelen. Y cuando digo que duelen, es dolor de verdad. Ya ni miro el tiempo. Intento andar sólo en los avituallamientos, aunque a veces es difícil.

    Recuerdo al público. Esos padres y madres, parejas, amig@s, hij@s… que llevan horas aguantando bajo el Sol, dejándose la piel a cada paso de los suyos. Algunos intentan correr algún tramo junto a los atletas, para dar ese pequeño empujón, tan necesario. No os podéis hacer una idea lo que supone ese apoyo. La ciudad de Vitoria, espectacular.

    Y de repente… ¡recuerdo a Elena! Como apareció justo al girar esa curva, cuando menos lo esperaba. Qué sorpresa y qué gran alegría inesperada el verte…

    Recuerdo que ya me pesan las gafas y la gorra. Recuerdo pasar por la línea de meta en la tercera vuelta, y llorar. Sólo me queda una vuelta. No soy consciente de lo que estoy haciendo, y creo que aún sigo sin serlo plenamente.

    Recuerdo iniciar la última vuelta. Sólo 10 kilómetros para la meta. Recuerdo enfilar por última vez esa curva, el punto más emocionante, y a la vez más deseado, de toda mi maratón. Ahí están, ahí siguen, como hace 4 horas. Marta, Bea, Belén, Jose, mi madre…recuerdo tirarles, literalmente, las gafas y la gorra, y enfilar la última vuelta. Recuerdo que me dicen, “¡ya lo tienes!”. Y me acuerdo otra vez de mi padre.

    Recuerdo ir descontando kilómetros. Recuerdo que ya me da igual el tiempo, sólo quiero guardar todas esas sensaciones para siempre.

    Recuerdo ver a Jorge, acercarme, muy despacio. Los dos vamos muy despacio. Le pongo la mano en la espalda, y le digo que ya está hecho. “¡Ya está hecho ostia! ¡Somos los putos amos! Un último esfuerzo…”.

    Recuerdo que vamos juntos un buen tramo. Le digo que intente comer naranja, que es lo que me ha salvado a mí los últimos 15 kilómetros. Pero vamos fundidos.

    Seguimos descontando kilómetros, acercándonos a ese sueño que es el cruzar la meta de nuestro primer Ironman. No sabemos si volveremos a repetir. En cualquier caso, nada podrá superar a este día. Así que hay que disfrutar.

    Recuerdo que Jorge me dice que tire. Yo voy un poco más ligero, no mucho, pero lo justo para ir cien metros por delante de él. Cien metros, que ironía. Una distancia que en un día normal no es nada, después de 11 horas y media de carrera, es un mundo.

    Recuerdo dejar la parte de la Universidad, y acercarme al centro de Vitoria, de nuevo. Recuerdo ir roto. Recuerdo ir pensando en mi padre, otra vez, dándole las gracias por haberme llevado hasta allí. Por haberme hecho disfrutar de estas casi 12 horas de esfuerzo, de ilusión, de sufrimiento, y de una inmensa alegría.

    Oigo a la gente, no veo mucho, pero los oigo. Ya oigo al speaker, muy de fondo. Sé que la meta está cerca. Sigo avanzando, lo único que deseo es entrar en la plaza de España, ver a Marta, a mi madre, a mis amigos. ¿Cómo estarán? ¿qué pensarán?…

    … Y por fin, 11 horas 56 minutos después, entro en la plaza de España. No sé cómo explicarlo. No puedo. Recuerdo mucha gente. Rápidamente busco a los míos. Los veo al instante. Primero a Marta y mis amig@s. Me fundo en un abrazo enorme. Me gritan, no sé ni dónde mirar, estoy a tan sólo unos metros de cumplir un sueño.

    Al lado está Martín, con quien me fundo también en un abrazo. Gracias por estar ahí toda la maratón.

    Avanzo unos metros más, y veo a mi madre en la grada. Me grita, casi no llego a abrazarla. Me da su mano. Hemos pasado un año muy duro, mamá. Pero ahí estoy, a punto de girar la última esquina, y pisar la moqueta roja. Qué bueno que el primer triatlón que has venido a verme haya sido este, y hayas compartido conmigo todo esto.

    Ironman Viroria

    Y por fin, ese momento que tanto has visto en vídeos, en fotos… Esa recta, esa moqueta. Miro a todos lados, no me lo creo. Estoy yo sólo, conmigo mismo, mientras me acerco al arco. Se que dicen mi nombre, que soy un Ironman, pero yo no oigo nada. Le doy la mano al speaker por inercia, y cruzo esa meta…

    Sabía que esta carrera iba a salir bien. Sabía que tú me ibas a llevar, desde el momento en que me lancé al agua, hasta ese preciso instante. Durante toda la prueba he sentido que estabas encima, cuidándome, eliminando cualquier atisbo de problema, para que pudiera llegar a esa meta, pudiera mirar al cielo, y verte. Esto es por ti, papá. Y estas palabras quedarán para siempre. Tu Ironman acaba de cumplir un sueño, y se que lo has visto, que estás presumiendo de ello allá donde estés. Jamás te has perdido una carrera mía, y esta sé que no iba a ser menos…

    Ironman Vitoria

    En realidad, mentiría si no dijera que tengo miedo de repetir. Fue todo demasiado perfecto. O casi, faltabas tú. Pero repetiré. No sé cuando ni donde, pero volveré a sentir que, durante más de 10-11 horas, voy a tener un tiempo para mí, para luchar contra mis miedos, contra mi locura, para llegar a esa meta, una vez más, y sentirme más cerca de ti. Feliz de haber vivido esta experiencia, volveremos recorrer esos 226 km de locura, de felicidad.

    Así es un Ironman, así ha sido mi primer Ironman, Vitoria. Jamás lo olvidaré.

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