Daniel Claros
Madrid, Spain

No tengo nada de especial. Amor por mi trabajo, las finanzas y los mercados. Pasión por el deporte, el triatlón. Y encantado de expresar mis pensamientos y mis inquietudes en un blog diferente, donde se mezclan dos mundos aparentemente distintos, pero que guardan historias comunes de superación, organización, motivación y ganas de pasarlo bien... Tomen asiento y disfruten.

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Deporte y Salud

Planificación y ultraproductividad. Medio Ironman.

By on 5 julio, 2019

Creo que soy una persona que pierde poco el tiempo. Por supuesto que también necesito estar tirado en el sofá delante de la TV de vez en cuando, tampoco nos vamos a engañar, pero estoy convencido de que si sumo el número de minutos que estoy “sin hacer nada” durante la semana, apenas superaría la hora escasa.

¿Por qué comienzo así lo que va a ser la crónica de mi segundo Medio Ironman? Pues porque a pesar de llevar un año intenso de trabajo y de proyectos paralelos, he conseguido preparar mi segundo Medio Ironman con un objetivo claro. Ya no sólo quería terminarlo (se da por hecho), si no que quería mejorar mi actuación del año pasado en Guadalajara (¡si no leísteis la pedazo de crónica, pinchar aquí!). Y puedo decir que lo logré. Y también puedo decir que querer es poder. Obviamente, en mi objetivo no estaba el poder levantar la cinta de campeón, pero sí mejorar mis tiempos con respecto al año pasado.

Una buena programación, orden, compromiso y responsabilidad, sin duda harán que podáis cumplir con el objetivo (o sueño) fijado.

Por tanto, cuando me preguntan muchas veces de dónde saco el tiempo, o cómo lo hago, siempre les digo que es cuestión de organización. Habrá semanas mejores y semanas peores, con más o menos tiempo para meter los entrenamientos, pero con un objetivo a un año vista, siempre uno se puede planificar y organizar para cumplir dicho reto. Eso sí, te anticipo que pocos minutos vas a tener para estar tirado en el sofá delante de la televisión, pero… ¿a quién le importa cuando de alcanzar un sueño se trata? ¡Comenzamos!

HORAS PREVIAS

As Pontes, Galicia. Tenía ganas de correr el Northwest Triman, triatlón con tan buena fama que, para que os hagáis una idea, los dorsales se agotan en aproximadamente 2 minutos, teniendo en cuenta que salen a la venta con casi un año de antelación. Parece comprensible que para el Tomorrowland pase eso, pero para un triatlón… ¡Pues había que probarlo!

No puedo comenzar con mi crónica sin hacer una mención especial a la hospitalidad ofrecida por Isra y toda su familia. Sus padres nos han cuidado y alimentado (ardua tarea el alimentar a un triatleta los dos días previos a la competición :)) de una manera ESPECTACULAR. Sin duda Sarria no puede tener unos embajadores mejores. G-R-A-C-I-A-S.

Domingo 16 junio, 4.30 AM, suena el despertador. Estamos en Sarria, a unos 50 minutos de As Pontes, lugar donde disputaríamos el Medio Ironman. La salida tendría lugar a las 7.15 AM, por lo que necesitábamos levantarnos con tiempo suficiente para desayunar, prepararnos todo, y llegar.

Desayuno sencillo, sin jugársela. Un par de tostadas, un plátano, y un trozo de pastel hecho por la madre de Isra, espectacular. Ah! Y café, mucho café…

A las 5.45 AM estamos cogiendo los coches, y me empiezo a dar cuenta que, además de ir bastante justos de tiempo, la natación se puede convertir en una odisea… 5 grados de temperatura, y bajando…

En el coche vamos Martín y yo, concentrados, visualizando la carrera. No hablamos mucho, y yo no paro de mirar de reojo la temperatura que marca el coche…realmente estoy acojonado, ya que nadar a 5 grados de temperatura debe ser complicado, y más complicado aún coger la bici después, completamente empapado.

En fin, ponemos nuestra canción fetiche previa a una carrera, “La línea de la vida” (Pastis&Buenri), le metemos volumen a la radio, y carretera y manta.

Sabemos que estamos en Galicia, por eso no nos extraña que, de camino en el coche, nos vayamos encontrando bancos de niebla bastante densos, pero la cosa se pone fea cuando llegamos finalmente a As Pontes y, literalmente, no se ve el agua. Por no verse, no se ve ni la gran chimenea de la fábrica del Señor Burns que vigila todo el pueblo desde lo alto.

Llegamos a las 6.40 AM, algo pillados (recordar que a las 7.15 AM era la salida), así que cogemos todo (las bicicletas las habíamos dejado ya el sábado), y vamos a la zona de transiciones.

(INCISO: para los que no habéis estado nunca en As Pontes, el descenso al embalse desde el parking es una rampa de tierra bastante empinada. De la emoción bajando, resbalo, y al palco. ¡Activación hecha!).

Justo cuando nos vamos a poner los neoprenos, la Organización comunica por megafonía que, lamentablemente, va a ser imposible disputar la natación. ¿Sinceramente? Lo agradezco. No se veía nada, ni boyas, ni jueces. Sin duda sería una temeridad.

No obstante, la realidad a veces te sorprende. En el fondo, todos teníamos la esperanza de que la niebla levantara, y la Organización también, por lo que, antes de cancelar definitivamente la natación, se decide esperar 20 minutos. La sorpresa fue que en esos 20 minutos “parecía” que la niebla comenzaba a levantar, por lo que nos vuelven a comunicar que sí se va a nadar.

Total, nos volvemos a poner neoprenos, y, con más de media hora de retraso, enfilamos camino hacia el agua.

Yo la verdad que seguía sin verlo claro, de hecho, veía que la niebla no sólo no levantaba (es cierto que hubo 10 minutos que parecía que se iba), sino que cada vez había más.

Así se lo dije a Martín, Rober e Isra (como veis, seguía algo acojonado, ya que no eran condiciones para nadar con seguridad), y como decía, si apenas se veía la primera boya o a los jueces en las piraguas, ¿cómo coño íbamos a nadar?

Total, bocinazo de salida, y al lío.

CORTA NATACIÓN

Nos lanzamos al agua. Yo iba con bastante respeto. No se veía nada, ni la boya, ni jueces, nada, así que confiaba en que los que iban delante de mí, supieran cómo llegar a la primera boya. Pero claro, el que los de delante de mí naden más rápido que yo, no quiere decir que tengan poderes de súper héroe y sepan orientarse a través de la niebla, así que, como era lógico, apenas 200 metros después la gente empieza a pararse.

Los hay que se dan directamente la vuelta, y empieza a haber gritos de gente que dice que no se puede nadar. Era lógico. No obstante, hacemos un segundo intento, volvemos a retomar la marcha, pero nada, imposible.

Yo ya tenía la decisión de darme la vuelta, pero parece que los jueces también se dieron cuenta de que era imposible nadar en esas condiciones, así que silbato en boca, nos dieron la orden de volver a la orilla.

Otros 200 metros de vuelta, sin duda, un buen calentamiento, si no fuera porque teníamos una temperatura fuera del agua de unos 6 grados.

COMIENZA EL DUATLÓN

Una vez confirmado que no se iba a poder nadar, la Organización nos comunica que, como elemento sustitutivo, vamos a correr 4 Km. Alguno pensará, bueno, 4 km tampoco es mucho…

Simplemente por recordar, después de esos 4 km de carrera a pie, vendrían los 90 km de ciclismo, y terminaríamos con 21 km de carrera a pie.

Creerme cuando os digo que 4 km de carrera a pie castigan mucho más físicamente que 1.900 metros de natación.

Pero bueno, no había tiempo para pensárselo, ni ganas. Si no queríamos morir de congelación, teníamos que empezar a correr ya.

Me pongo mi cortavientos (que tenía preparado para el ciclismo), vamos a la salida, y a correr.

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4 kilómetros por campo a través, como si se tratara de un trail de montaña. Nos lo tomamos con calma, sabiendo lo que venía después. Algo menos de 18 minutos, en torno a 4:04 min/km, y con ganas de empezar a dar pedales.

CICLISMO

El sector ciclista, como he comentado antes, constaba de 90 km, con un recorrido en el que pocos llanos nos íbamos a encontrar.

Unos 900 metros de desnivel acumulado, pero con toboganes constantes. Os adjunto el perfil para que podáis haceros una idea del recorrido:

La verdad es que este año confiaba más en mi segmento ciclista comparado con Guadalajara el año pasado. Había podido entrenar más, había hecho tiradas más largas, cambiaba de bici, llevaba acoples… todo para poder rascar segundos al crono en mi particular batalla conmigo mismo.

El recorrido era muy bonito. Comenzando en As Pontes, enseguida enfilábamos la carretera de Lugo a Ferrol, atravesando pequeños pueblos, rodeados por grandes arboledas, hasta cubrir aproximadamente los 45 km de los que constaba cada una de las dos vueltas que teníamos que dar.

Esta prueba tenía fama de mantener el tema del drafting a rajatabla, y, a los pocos kilómetros, pude corroborarlo. (El drafting consiste en mantener una distancia de 12 metros con el ciclista de delante, para no beneficiarnos de su rebufo. Es una normativa esencial en las pruebas de media y larga distancia).

En una zona en la que íbamos una grupeta de ciclistas algo más densa de lo deseado, uno de los jueces (con muy mala ostia, por cierto), llegó a mi altura con la moto. Yo no quería ir detrás de ningún compañero, es más, me había echado a un lado, para intentar adelantar, pero el juez interpretó que no estaba manteniendo la distancia reglamentaria, y me preguntó que si estábamos de desfile… Debió ver que no había muchas alternativas dada la concentración de ciclistas que había en ese momento de la carrera, y no hubo sanción.

Como consuelo de tontos, tengo que decir que ese mismo juez echó la bronca también a algún compi del equipo y a otros muchos triatletas (el penalty box parecía la parada de Cibeles esperando al Búho un viernes por la noche).

En cuanto a la alimentación, este año quería garantizarme llegar hidratado y alimentado a la media maratón, no quería sorpresas, así que seguí más o menos la rutina establecida.

Gel y barrita de manera alterna cada media hora, y cada 45 minutos pastilla de sales. Un bidón con agua, y otro bidón con isotónico.

La verdad que la alimentación fue perfecta. El único pero fue la pérdida de una de mis pastillas de sales (se me debió caer del bolsillo cuando intentaba sacar un gel), y que echaría en falta en los kilómetros finales.

Además, la niebla había dado paso al Sol, aunque no calentaba lo suficiente como para quitarme el cortavientos. Y ritmo. Sin calentarme mucho, pero manteniendo un ritmo constante.

Si el año pasado se me había ido la bici a 3 horas y cuarto, este año pude bajar de 3 horas. Finalmente completé los 90 km a una media de 30, 7 km/hora. Pude apretar un poco más, sí, pero ya sabéis que soy “flojo” de mente y mi lado más conservador siempre se sale con la suya…

MEDIA MARATÓN, EL TODO POR EL TODO

Finalmente, llegamos a la fase final y decisiva de la carrera. Aquí es donde te coronas, o donde te hundes. El Yin y el Yang, blanco o negro. No hay términos medios.

Si el año pasado desde el minuto cero no podía ni con mi alma, este año pintaba la cosa algo diferente.

Dejamos la bici, nos quitamos el cortavientos, nos ponemos zapatillas, tomamos sales, y a correr.

Joder, en la descripción del recorrido, decía que era casi plano… ¡Y una m^^**! 21 kilómetros de sube y baja nos esperaban.

Primeros pasos, y sensaciones decentes. Primer kilómetro, segundo kilómetro, tercer kilómetro…

Había decidido empezar tranquilo, para intentar retrasar lo máximo posible el tío del mazo, siendo consciente de que tarde o temprano llegaría.

Hasta el kilómetro 8, corriendo a un ritmo controlado, en torno a 4:50 min/km.

Pero en el kilómetro 8, así, sin avisar y a pelo, se me suben simultáneamente isquios y cuádriceps. ¡Joder, y yo pensaba que me había alimentado e hidratado bien!

Tengo que parar, estiro como puedo y lo que puedo, y tras 30 segundos interminables, retomo la carrera.

Aún quedaba más de la mitad de carrera, así que esperaba no tener muchos momentos más como ese…

Pero la realidad me pone en su sitio de nuevo. Ya no podía mantener esos ritmos, y me voy a 5:00 min/km, desde el kilómetro 8 hasta el 14 aproximadamente.

En cada avituallamiento arramplo con lo que puedo, agua, coca cola (gran descubrimiento), y me tomo los geles y pastillas de sales que me quedan.

Quedan apenas 5 kilómetros, y la cosa se va poniendo complicada. Me cruzo con compis. Isra va como un tiro, Martín está remontando mucho, y Rober, a pesar de ir sufriendo mucho, mantiene el tipo.

Cada cara con la que me cruzo refleja el sufrimiento, pero ahí  estamos, unos cuantos locos luchando por cumplir un sueño, un objetivo, el entrenamiento de todo un año, por lo que hay que terminar como sea.

Seguimos descontando kilómetros, 4, 3, 2, 1…. ¡ay el último kilómetro! Eso no era un kilómetro normal… ¡fue el kilómetro más largo de la historia!

Hube gente que definitivamente iba andando, y yo tuve la tentación… A diferencia de Guadalajara, no tenía apoyo de familiares o amigos, algo que eché en falta, pero aun así, dije, “venga, que ya lo tienes coño”.

Así que, como siempre, con la mejor de las sonrisas para poder salir en la foto (muchas gracias Tamara por el apoyo en la línea de meta 🙂 ), y a pesar del cansancio, pude terminar la media maratón en 1 hora 48 minutos, mejorando también con respecto al año anterior.

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Tiempo total en mi segundo Medio Ironman, 5 horas y 11 minutos (haciendo cálculos, con natación hubiera podido bajar de 5 horas y media). Objetivo logrado, en 2020, más y mejor… 🙂

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