Daniel Claros
Madrid, Spain

No tengo nada de especial. Amor por mi trabajo, las finanzas y los mercados. Pasión por el deporte, el triatlón. Y encantado de expresar mis pensamientos y mis inquietudes en un blog diferente, donde se mezclan dos mundos aparentemente distintos, pero que guardan historias comunes de superación, organización, motivación y ganas de pasarlo bien... Tomen asiento y disfruten.

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Deporte y Salud

Triatlón olímpico con éxito, aún no hemos tocado techo.

By on 3 Junio, 2016

Seguimos creciendo. Seguimos mejorando. Seguimos cumpliendo objetivos.  Tanto Jorge, mi gran amigo y compañero de fatigas, como yo mismo, podemos decir que hemos debutado con éxito en un triatlón distancia olímpica. Fue el Triaroc Olímpico Manzanares el Real 2016 el lugar elegido, y fue el sábado 28 de mayo de 2016 la fecha elegida.

La verdad es que el día tuvo de todo, y aunque ahora voy a describir lo que fue ese día, si quiero dejar claro que entrenando, esforzándose y disfrutando, se puede conseguir casi cualquier reto que uno se proponga.

El día comenzó a las 6.30 de la mañana (empieza a ser preocupante que mis horas de sueño sean más reducidas los fines de semana que entre semana), ya que a las 7.00 am había quedado con Jorge para ir a Manzanares.

Desayuno rutinario antes de las carreras, una tostada con miel y otra con Nutella, café solo y plátano, revisión de material (esta vez sí llevaba todo, en mi última prueba se me olvidaron las calas de la bicicleta), y salida hacia Manzanares a eso de las 7.15 am.

Llegamos allí con tiempo suficiente, ya que habíamos recogido los dorsales el día anterior, por lo que, a priori, no deberíamos tener agobios de ningún tipo.

Aparcamos, escapada al monte de última hora (los nervios empiezan a hacer de las suyas), y listos para ir a la zona de transición a preparar todo el equipo.

Si algo tiene el triatlón es complejidad. Nunca he practicado un deporte en el que tenga que preparar tantas cosas antes de empezar, y más esta carrera, la que iba a ser la primera en la que usaría zapatillas de triatlón para la bici y neopreno para el agua.

Pongo las calas con las gomas en su sitio (la tarde anterior había estado media hora practicando como subir y bajar de la bici descalzo para ponerme las zapatillas), colgamos bici, dejamos casco y gafas listo, calcetines y zapatillas de correr en perfecta posición, untamos piernas y brazos en aceite para que el neopreno salga más fácilmente, untamos vaselina en cuello para evitar rozaduras desagradables y recuerdo, “yo venía a hacer triatlón, ¿verdad?”…

Después de todo ese ritual, y a falta de 5 minutos para la salida, por megafonía avisan que ninguna bolsa puede quedar en la zona de transiciones. Igual pagamos la novatada, pero nos tocó ir corriendo a Jorge y a mí (y algún que otro despistado más), con el neopreno puesto y en chanclas, a 1 km de distancia (“¿no podían haber puesto la entrega de mochilas más cerca?”), a dejar las bolsas. Nunca jamás habría imaginado lo que se puede llegar a sudar corriendo con un neopreno puesto. Bastante agobiante.

En fin, llegamos justo cuando se iba a dar la salida para la natación, sudando como pollos, y con un calentamiento un tanto atípico pero efectivo. 9:00 am, bocina y al agua.

El agua estaba fresquita, en torno a 16º, aunque la verdad es que a mí me resultó agradable para nadar. Los primeros 300 metros me costaron un poco, en realidad era la primera vez que me enfrentaba a esa distancia en “aguas abiertas”. Sí, ya sé que en piscina podemos llegar a nadar 2.500 metros, pero no tiene nada que ver…

Era un circuito de ida y vuelta, y orientarse costaba un poco, ya que con el sol costaba identificar las boyas. Yo me acoplé a un grupo de 4 triatletas que iban a mi ritmo, e iba a donde ellos iban. Pensaba, como ellos se despisten, voy al hoyo con ellos…

Así hicimos la parte de la ida, en la cual iba pensando, “aún me queda volver todo lo que llevo nadado”, pero es cierto que cuando sabes que te queda menos de la mitad, tu mente se hace fuerte.

Era consciente de que no estaba nadando con buena técnica, ya que iba más concentrado en no agobiarme, mantener una buena respiración y en no desviarme del camino. Pese a todo, al final el circuito fueron 1.650 metros (150 metros de más), y lo completé en 30 minutos exactos. Bastante contento con el tiempo para las sensaciones que había tenido.

Camino a la transición, me quité la parte de arriba del neopreno. He de decir que el aceite funcionó de maravilla, ya que salió solo. Cuando llego a los boxes me encuentro a Jorge luchando por quitarse su neopreno. Así pues, me coloco el casco mientras me quito la parte inferior del neopreno como tantas veces había visto en Youtube (también salió perfecto), y en 2:45 min estaba subiéndome en la bici dispuesto a pedalear durante los próximos 40 km.

La bici tenía entendido que era más o menos rápida, por lo que mi objetivo era al menos no bajar de 30 km/h de media en este sector. He de decir que subir a la bicicleta con las calas puestas me salió perfecto, aunque me subí demasiado pronto y me dieron un toque de atención. Todo quedó en una advertencia.

Me enchufé el primer gel, y a dar pedales. El trazado consistía en un circuito de algo más de 20 km (al final salieron 45 km en este sector), y había que dar dos vueltas. Lo más desagradable, una parte del trazado en la que atravesabas una nube de mosquitos. Os podéis imaginar, mosquitos por el brazo, mosquitos por la boca, gafas… Labios apretados, cabeza gacha, y a salir rápido de ese tramo.

En el final de la primera vuelta oigo dos veces, “¡vamos Dani!”, miro rápido y ahí estaban, mi amigo Borja, quien corría el Medio Ironman al día siguiente, y mi padre, que nunca se ha perdido ninguna prueba y que yo creo que se lo pasa incluso mejor que yo animándome 🙂

Destacable también el fuerte viento, sobre todo en la parte final de vuelta a Manzanares, lo que me provocó bajar la media que llevaba, terminando al final los 45 km en 1 hora y 28 minutos, a una media de 31 km/h. Sé que la bicicleta es donde más tengo que apretar y entrenar, pero aun así acabé bastante contento ya que superé el objetivo que me había propuesto.

¡Ah! Casi se me olvida como la lié en la primera vuelta, ya que me despisté y me salí del circuito metiéndome en dirección contraria… En fin, de todo se aprende, aunque he de decir que no estaba muy bien señalizado.

Nueva transición, bajándome de la bici como los “profesionales”, y camino a boxes a dejar la bicicleta y calzarme las zapatillas de correr.

Tengo que confesar que desde el principio, noté que la carrera me iba a salir bien. Hice la transición perfecta y las piernas me iban ligeras como el viento. De hecho, cuando miré mi pulsómetro y vi que iba a menos de 4 km/min, me dije a mí mismo, “¿dónde vas?”, ya que quedaban 10 km por delante y quería ir a gusto.

Era un circuito de 10 km con dos vueltas. Fijé velocidad de crucero, y a adelantar gente. Si bien es cierto que en la bicicleta me habían adelantado por todos lados (era impresionante ver a la gente acoplada en las “cabras” pasándote a 38 km/h), en la carrera a pie si pude disfrutar de adelantar a otros corredores.

Fui a un ritmo bastante alegre pero sin volverme loco, ya que si podía, apretaría en los últimos 2 km de carrera. Por si acaso, mi padre también me lo recordó en un momento dado, para que me reservara para el final.

Así pues, la carrera se dio bastante bien, y a falta de 2 km aproximadamente, decidí apretar aún más. Me sentía bien, todo funcionaba, hasta el kilómetro 9. Ya me parecía extraño que las piernas aguantaran el ritmo que estaba metiendo, por lo que el último kilómetro lo hice con calambres en los isquiotibiales, y luchando por no bajar mucho el ritmo que venía llevando durante toda la carrera.

Tengo que lanzar un pequeño dardo a la organización, ya que el último tramo incluía un descenso pronunciado hacia un río, para luego salir por el otro lado hasta la plaza del Ayuntamiento. Menos mal que había dos personas de la organización que ayudaban a los corredores a salir de ese “agujero”, ya que yo con los calambres que llevaba me hubiera resultado imposible subir esos escalones que quedaban…Recta final, y a cruzar la meta, justo un minuto después que Jorge.

Por primera vez me he sentido realmente orgulloso de los tiempos registrados, ya que, con calambres incluidos y llegando prácticamente andando, pude completar los 10 km de carrera a un ritmo de 4.14 min/km, completándolo en 40 minutos exactos, mi mejor marca personal hasta la fecha. Quiero pensar que sin esos calambres podría haber bajado de los 40 minutos, pero bueno, eso lo dejo para la siguiente.

Así pues, nuestro primer triatlón olímpico fue completado con éxito, marcando buenos tiempos (hay que seguir entrenando) y disfrutando de una prueba en la que deporte y naturaleza formaban un binomio perfecto.

sdr

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