Daniel Claros
Madrid, Spain

Financiero por vocación, estudié Administración y Dirección de Empresas y luego hice un MBA. Fui auditor durante más de 8 años en una Big Four, tiempo que aproveché también para dar forma a danielclaros.com, mi blog personal desde hace más de una década. Aquí hablo de economía, de liderazgo y hasta de triatlón. Además, soy novelista. Hijos de la inercia es mi primera novela, el resultado de un camino que comenzó a esbozarse hace años, cuando aún no era consciente de lo que la escritura haría de mí. Aún sigo sin saberlo, pero mi padre me dijo una vez: “Nunca dejes de escribir”. Y yo, por si acaso, sigo fiel a su consejo.

Redes sociales
¡Sígueme fácilmente en Feedly!
follow us in feedly
También colaboro en:
¿Quieres estar al día?

    Nombre (requerido)

    Correo electrónico (requerido)

    Asunto

    Mensaje

    Esta web utiliza cookies propias y de terceros para su correcto funcionamiento y para fines analíticos. Contiene enlaces a sitios web de terceros con políticas de privacidad ajenas que podrás aceptar o no cuando accedas a ellos. Al hacer clic en el botón Aceptar, acepta el uso de estas tecnologías y el procesamiento de tus datos para estos propósitos. Ver
    Privacidad
    Escribe si es tu pasión
    Recomendaciones

    Sigue a tus pasiones. No las dejes.

    By on 16 enero, 2026

    2026. Hace unos días dimos la bienvenida a un nuevo año y aquí estoy, sentado delante del portátil y dándole vueltas a un tema que cada vez se hace más recurrente en mi cabeza… ¿y si la vida estuviera mal hecha?

    Me explico. ¿Tiene sentido que cuanto más conscientes somos de la efimeridad del tiempo, más rápido pase? Es como si se volviera más escurridizo cuanto más nos empeñamos en retenerlo. Una putada, ¿verdad? Vamos tachando semanas en el calendario ansiosos para que llegue ese próximo plan, ese próximo fin de semana, ese próximo verano…  mientras la vida se nos escapa como arena de playa entre los dedos. Imparable. Ingobernable.

    Y es que, el paso del tiempo tiene sus consecuencias, como todo en esta vida. La más evidente es que todo crece, todo se hace mayor. Por ejemplo, ese vecino que hace nada era un niño y ahora empuja el carrito de un bebé. O esos padres que, aunque para nosotros sigan siendo incombustibles, no lo son. Ya no. O esos abuelos, para los afortunados que aún los tienen cerca. Si es vuestro caso, no dejéis de hablar con ellos. Aprovechad y alimentad vuestra curiosidad con la historia de sus vidas. Probablemente sean los últimos supervivientes de un mundo que no volveremos a ver jamás.

    Sin embargo, el paso del tiempo también trae perspectiva. Uno se hace más consciente de lo que quiere, de lo que anhela, de lo que le hace feliz. Cuando uno se acerca a edades en las que el pasado se empieza a medir en décadas, se da cuenta de lo que es realmente valioso. De lo que dejó atrás porque no aportaba y lo que, de un modo u otro, ha seguido manteniendo. Y algo que no se pierde nunca son las pasiones. Por ese motivo sigo escribiendo.

    Si echo la vista atrás, me doy cuenta de que llevo haciéndolo desde hace más de media vida. Recuerdo cuando nos juntábamos mi amigo Jose y yo con las guitarras eléctricas y comenzábamos a juntar acordes mientras escuchábamos de fondo Blink 182 o Green Day. Teníamos poco más de 15 años. Una vez hecha la base melódica, comenzaba la mejor parte para mí; la magia de la escritura. Una frase, una estrofa, el estribillo, otra estrofa… Es inexplicable la sensación de acomodar letras sobre la melodía, de cantar algo creado y escrito por ti. Daba igual la calidad, era nuestra creación, nuestra modesta obra de arte.

    Años después, el rap se coló en mi vida. Me “flipaba” el arte de rimar palabras bajo las líneas de una instrumental. Admiraba cómo los artistas fluían sobre ritmos con letras increíbles. Letras complejas, pero a la vez sencillas, que contaban historias cotidianas con las que nos podíamos identificar. Y eso fue lo que me animó a probar. Yo también quería contar historias. Así pues, como tenía amigos que creaban bases y samples, me puse a escribir. ¡Hasta llegué a publicar una maqueta en Myspace! Aún no lo sabía, pero desde aquel momento nunca más dejaría de escribir.

    Y entonces me hice mayor. Me refiero a esa etapa en la que terminas la universidad y comienzas tu andadura en el mundo profesional, el de los adultos. Obviamente dejé el rap, tampoco daba para mucho más… pero continué escribiendo. Tendría unos 22 años cuando abrí mi primer blog en Blogspot. Nada especial, un campo de entrenamiento para desfogarme y en el que apenas conseguía hilvanar unos párrafos con cierto sentido. Sería dos años después cuando crearía www.danielclaros.com, mi blog personal y que, aún hoy, sigue activo.

    Aunque nunca estuvo en mis planes, con el blog conseguí cosas que ni en mis mejores sueños habría imaginado. Publicaciones con miles de visitas (pincha aquí), poder dar charlas delante de cientos de personas, colaboraciones en otros blogs, buenas amistades…. Y todo esto sin monetización alguna. Pasión pura y dura. Amor a la escritura. Amor por contar cosas.

    Más de 10 años después, aquí sigo. A veces con más regularidad, otras con menos, pero siempre acabo volviendo. Como ahora. Sé que llevo tres años sin mucha actividad, es cierto. Pero os mentiría si os dijera que durante este tiempo no he escrito. Todo lo contrario. He escrito más que nunca y, si hay suerte, en algún momento podré mostrároslo. De momento, me contento con alguna entrada esporádica como esta. Por aquello de mantener viva la llama.

    Los inicios de un nuevo año siempre son esperanzadores. Nos fijamos nuevos objetivos, nuevos retos que anhelamos conseguir. O quizá no, quizá son retos antiguos que teníamos olvidados y que hemos decidido retomar. Qué más da. Si lo quieres hacer, hazlo. Y si es tu pasión, con más motivo.

    Colorea tus días con aquello que te hace feliz, con aquello que te transporta a otro lugar, que te hace sentir cosas distintas. Quizá nunca llegues a lograrlo, pero durante el tiempo que hayas estado soñando con ello, habrás sentido algo único. Una emoción, un placer que de otra forma nunca habrías sentido. Esa ilusión merece la pena. Al menos, a mí me la merece.

    “La felicidad no espera. Los sueños tampoco. Y es que, en el fondo, todos somos hijos de la inercia, aunque la gran mayoría nunca llegue a saberlo”. Luna.

    No tengo ni idea de a dónde me llevará la próxima frase, el próximo párrafo, la próxima estrofa o el próximo estribillo. De momento, me dejo llevar por la melodía. Letra a letra, sueño a sueño. Como me dijo mi padre poco antes de irse: «Nunca dejes de escribir». Y aquí sigo, fiel a su recomendación, y fiel a mi pasión. Mientras tanto, seguiré escribiendo. Por lo que pueda pasar.

    TAGS
    RELATED POSTS

    LEAVE A COMMENT

    Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.

    Esta web utiliza cookies propias y de terceros para su correcto funcionamiento y para fines analíticos. Contiene enlaces a sitios web de terceros con políticas de privacidad ajenas que podrás aceptar o no cuando accedas a ellos. Al hacer clic en el botón Aceptar, acepta el uso de estas tecnologías y el procesamiento de tus datos para estos propósitos. Ver
    Privacidad